Sunday, Mar 26th

Usted está aquí: Breviarios Tengo

Tengo

Tengo una casa rentada al oeste en la capital, cerca de donde el sol se pone y a la vista de los bosques.

Tengo tiempo apenas de vivir en donde vivo, por el tiempo que me lleva llegar hasta donde vivo.

Tengo gusto de vivir, tengo el gusto de vivir. Tengo ganas de vivir, vivir hasta donde vivo.

Tengo una mujer a la que amo y tengo claro que ella me ama. Tengo ganas de besarla y tengo que esperar hasta esta noche cuando vuelva para tocarla y amarla.

Tengo el pelo veteado en blanco y tres años cuatro décadas, que suman a los que tengo, cada año un gris más claro.

Tengo ganas de vivir, ser lo que nunca he sido, ver lo que nunca he visto y estar donde nunca he estado.

Tengo historia y tengo historias, una la cuento yo, las otras las cuentan de mi. Tengo incluso en mi memoria fragmentos de tres poemas.

Tengo la mala costumbre de cantar mientras me baño y tengo una mujer paciente que a veces hasta me aplaude.

Tengo trabajo mas no tengo empleo, tengo en mis manos mi libertad. Tengo tanto en mi valija que tengo que acomodar.

Tengo ordenados mis cajones pero no por ordenado, sino porque tengo a mi lado a mi Cereza que de ellos se encarga.

Tengo algunos cuentos cortos, escritos, no publicados. Tengo un montón de cartas que pienso y que no he escrito.

Tengo amigos de muchos años, que tengo entendido me quieren. Tengo ganas de ir a verlos, hablarles y que me hablen, jugar de nuevo al billar, hablar con ellos sentados en las rocas frente al mar, fumando mientras el sol se esconde.

Tengo ganas de esperar el famoso rayo verde que dice la tradición se ve cuando el sol se pone.

Tengo ganas de estar presente y muy atento y observando, cuando algún meteorito errante le haga a la Luna un cráter.

Tengo recuerdos de pesca, de lanchas y de un naufragio, en que el Calipso prestado se fue al fondo del mar.

Tengo que asegurar que todo eso fue cierto, pues el Calipso famoso se fue con todo y motor, carnada, cañas y remos, al fondo frente a Playitas.

Era una barca pequeña, dos metros y medio de eslora, uno de manga y poco calado y la tomamos prestada Raúl y yo sin saber, que el fondo tenía picado y nos fuimos a pescar.

Tengo el recuerdo muy claro del flaco Raúl achicando y yo a remo tratando, de regresar a la playa.

Pero el Calipso famoso, héroe de mil batallas, aguantó sin hundirse sólo lo necesario para llegar hasta el punto del temido no retorno, cuando ya era imposible volver a la playa sanos, secos y salvos y sin menester nadar.

Se mojó la bujía y claro que se apagó el pequeño motor más propio de podadora que de embarcación pesquera.

Entonces nuestro Calipso a la vista de mucha gente, se convirtió más bien en Colapso tres metros tras las rompientes.

Mi amigo Raúl y yo, cuidando nuestro prestigio de viejos lobos de mar, nos fuimos hasta el mercado y sin empacho ni pena, volvimos a casa cargados de tres cabrillas, dos pargos y un atún así chiquito.

Tengo el índice más corto en mi izquierda que en mi derecha, tengo algunos accidentes que ponen marcas en mi envoltura.

Tengo el orgullo de ser (y haber sido muy bueno), carpintero en desuso o en reserva que es lo mismo.

Tengo pensado algún día cambiar el saco y corbata del maestro consultor en proyectos por el azul overol y el serrín del maistro carpintero.

Tengo ropa que ya no uso y tengo el gusto de regalarla. Tengo pena por lo que dejo de hacer sin haberlo hecho.

Tengo fotos de cuando niño, de las caras que le gustaban a mi padre y algún fotógrafo y a mi madre que las guardaba.

Tengo entre mis recuerdos de la infancia los primeros, a mi abuelo que me llevaba cada viernes al peluquero.

Navarrito, decía el letrero, corte de pelo a navaja y un cilindro en espiral rojo, azul y blanco que giraba en la fachada.

El centro de Coyoacán, entre el cine Centenario y las nieves la de Siberia, era el sitio al que me llevaba mi abuelo muy puntual cada semana.

Tengo la sensación en mi cuello, como si me estuviera tocando, del tacto de su mano grande, seca, suave y perfumada.

Tengo un nudo en la garganta, al recordar ese contacto, que era su forma propicia de decir que me quería, guiándome paso a paso el viernes a la peluquería.

Le gustaba la rutina, lo sabido, lo preciso. Cada viernes por la tarde, tocaba corte de pelo. Nunca decía te quiero, daba apenas un beso, por navidades o por el santo, el cumpleaños o por un diez.

Tengo una madre a la que adoro, y un padre al que mucho extraño. Tengo hermanas y un hermano que veo poco y me duele adentro.

Tengo dos hijas en las que pienso minuto a minuto durante el día. Tengo ganas de ver su vida, mientras crecen, sus alegrías.

Tengo en la mente su presencia, su voz , su risa, a veces su llanto, el sonido de sus pasitos, su esencia, su sangre que es la mía.

Tengo en los ojos la imagen, cuando los cierro, el momento en que nacieron, y cuando abrieron los suyos.

Tengo en el alma la imagen de sus manos y sus caritas, y tengo que describirlas, antes de que me reviente el pecho.

Tengo una de ellas, Daniela, que tiene en los ojos claros destellos de oliva y miel, y en su blonda cabellera se esconden reflejos de espigas de trigo maduro, campos arados y sorgo tierno.

Tengo también a Roberta, Robotín Bonín Chiquitín, que vive el mundo, su mundo, creándolo desde su vida.

Tengo que confesar que envidio su blanca imagen, su presencia que me motiva, su sueño que me conforta.

Tengo la dicha de sentir que crecen y van haciendo su propio sendero en la vida mientras crecen y se hacen mujeres.

Tengo que aceptar que extraño las mañanas en que corrían a mis brazos, a mi regazo, a mi abrazo, cuando eran pequeñas y podía cargarlas a las dos juntas o llevarlas conmigo al rancho, a buscar ranas de carreras.

Tengo apenas y a penas, un par de días cada quincena en que las tengo conmigo revoloteando a mi alrededor.

Tengo atesoradas las fotos y los recuerdos, los ratos, los olores, los tiempos y los contornos, los discos y los juguetes.

Tengo millas de viajero frecuente, y muchos sellos en el pasaporte, pero tengo más páginas en blanco que las que están llenas de tinta, y tengo más sitios marcados, en el mapa y en mis planes, que los que tengo tachados en mi diario de recuerdos.

Tengo ideas en la cabeza que tengo que hacer tangibles y tengo algunas recetas que todavía no cocino.

Tengo en mi armario un telescopio y tengo en alguna parte muchos mundos que no conozco y que esperan que yo los mire.

Tengo marcado en mi calendario siete fechas de cumpleaños que no sé por qué las marco si son las únicas que nunca olvido.

Tengo dicho que siempre tengo respuesta a toda pregunta. Algunos incluso dicen que invento lo que no sé.

Tengo al menos el deseo de escribir una vez al día y tengo que poner al día mis cartas a mis amigos.

Tengo gusto y me entretengo en mi cocina, frente a mi estufa, picando, mezclando, probando, la cena de mi Cereza.

Tengo fama de buen cocinero y tengo fama de mal genio. Tengo que confesar que ambas son pura fama. Tengo y es lo que tengo, hambre de troglodita y paciencia de juez de boda a la que no llega el novio.

Tengo claro lo que tengo y sé también lo que no tengo. Tengo ganas de vivir todo aquello que no he vivido.

Tengo algunas cosas rotas guardadas en mis cajones, tengo clavos y tornillos que sé que algún día usaré. Tengo una navaja suiza y un estuche de herramientas, tengo música de piano y la vista de un jardín.

Tengo en mi estudio colgado un calendario de Van Gogh que siempre se queda en julio porque me gustan los girasoles.

Tengo en algún lado mis bastones, mi bolsa y mis pelotas de golf y tengo muy bien ganado un handicap 26.

Tengo como cada domingo el anhelo de caminar, entre prados, setos y árboles, tostándome bajo el sol. Tengo también muy claro, en mi cuenta, en mi chequera, que tengo que talonear un rato, para volver a jugar.

Tengo un librero lleno de libros y de juguetes y tengo también mi oficina donde paso mucho tiempo. Tengo tiempo de jugar en mi oficina a que trabajo y tengo poco tiempo para trabajar, muy serio, con mis juguetes.

Tengo que reparar la puerta de la entrada y tengo escrita una historia de aventuras en que viajo, a lomo de rocín el mundo, al estilo de Don Quijote.

Tengo el vicio de fumar y el gusto por el buen vino y tengo en mi biografía ya más de quince mudanzas. Tengo que decir de ellas, las más pocas, que fueron no de buen grado, y más llevado por la vida, que por afán aventurero.

Tengo que decir también que otras veces bien contento, puse mis cosas en cajas y sin volverme a mirar atrás, como a los caminos malos y las mujeres buenas, sin dudar y por el centro.

Tengo vistos dos océanos, tres mares y ocho lagos. Tengo andados dos desiertos, tres selvas y siete bosques.

Tengo dados muchos cursos, talleres y seminarios y hay quien dice tengo el don de enseñar y saber darlos.

Tengo en mi bolsa una agenda de varios años atrás, en la que guardo los nombres de los que quiero llamar. Tengo que actualizarla y llenar algunos huecos, pues tengo guardada una nueva que me regalaron en abril.

Tengo, como cada año, el prurito de utilizar la agenda nueva del año, que acaba de comenzar. Pero tengo la impresión, no sé si a ustedes les pase, que cuando apenas inicia, el año ya es septiembre.

Tengo además desde enero el propósito de año nuevo, que cuando me den una nueva, este año sí que la estreno.

Tengo algunos chistes jocosos que son muy buenos y tengo una memoria que falla cuando la requiero. Porque cuando estoy en confianza, rodeado de mis amigos cantando o con un tequila, me encuentro la mente en blanco y no recuerdo ninguno.

Tengo una libreta que compré precisamente para apuntarlos, tiene el tamaño adecuado para llevarla a todos lados. Tengo que empezar algún día a transcribirlos, ya por orden alfabético, ya de gallegos a pericos.

Tengo en el alma el sabor de ver la tarea cumplida, no porque haya acabado de hacer lo que pienso hacer, sino porque día a día me he propuesto acabar al menos una cosa de las que tengo empezadas.

Sin embargo y eso no es malo, tengo que aclarar una cosa, que no me puedo morir, al menos no este año, pues tengo empezadas mas cosas que las que puedo acabar.

Tengo que instalar una lámpara en mi baño y tengo que utilizar mi semana de vacaciones. Tengo que comprar la parrilla para el techo de mi coche para llevar las bicis a las montañas o al campo.

Tengo también que cambiar el calentador de agua que se apaga y tengo que comprar tierra para algunas de las macetas.

Tengo que empezar un día a escribir lo que tengo, listar cosa por cosa hasta agotar el tintero.

Tengo que decir lo que tengo porque tengo mucho y tengo que gritar a voz en cuello y agradecer a los cuatro vientos.

FMNE
Abril del 2001.